jueves, enero 27, 2011

Como telenovela mexicana

Acuarela de divinos colores, brisa marina que despeina sus finos y envidiables cabellos, él la abraza, se fusionan en ese sublime vínculo de espíritus reconociéndose a través de la cercanía de sus cuerpos en el abrazo.
Parecen tan felices que verlos da una sensación de empalago irremediable.
Típico final de telenovela mexicana, no sin antes el apasionado beso, por supuesto precedido por un intercambio de miradas de devoción, palabras de azúcar y promesas inverosímiles que harían que hasta el televidente de piedra (marido obligado a ver la telenovela) llene sus ojos de traviesa agua salada, excusándose después con el cuento de la basurita en el ojo.
Ya las mujeres de la casa sonríen felices porque la historia tuvo el final deseado y tantas veces debatido hasta en la sopa.
Justo cuando el matrimonio y los pilluelos de ojos claros se ven venir, el paradisíaco escenario se torna oscuro y amenaza una tormenta en el horizonte y por esas coincidencias de la vida ambos protagonistas giran hacia el mismo lado de la playa.
La villana, ese personaje antagonista que capítulo tras capítulo volcaba todo su empeño e ingenio en planes más eficientes con el fin de evitar la estabilidad de los lazos de amor verdadero y encantar para sí al bombonazo inocentón que vive confundido como niño pequeño frente a un quiosco tratando de elegir la mejor golosina.
Tal vez mi historia no sea un calco de esta, no existe la playa, es mera metáfora...
No hubo promesas inverosímiles, por lo menos no explícitas...
No es el amor de mi vida o al menos todavía no lo sentimos...
No me casaré tan pronto ni tendré hijos por docenas, aunque no lo descarte...
Pero lo más importante de mi cuento es que la villana no planificó nuestra ruptura, no sufre por el amor no correspondido del increíblemente bello protagonista cuyo nombre ostenta dos partes.
Esta villana es el amor imposible del príncipe, el amor prohibido por terceros pero que ahora abre las puertas a la esperanza...
Esos ojos... mi villana tiene esos ojos transparentes que me incitan a palpar su blanca alma suplicante, es mi amiga, ella sí lo ama, ya renovó fuerzas para reanudar la lucha abandonada contra el mundo.
Él no sabe a quién elegir, no sabe a qué aventura embarcarse, a la que ya conoce pero que podría cambiar de desenlace o a la aventura mía de descubrirnos, conquistarnos, enamorarnos...

No se pierdan el siguiente capítulo a la misma hora y por el mismo canal...

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