jueves, enero 20, 2011

Hay viajes sin retorno, momentos en la vida de uno que al parecer transcurren en cámara lenta, errores que uno quisiera borrar con el antebrazo pero al intentar olvidar arma más embrollo.
Y el recuerdo es tan nítido, tan implacable, creo que a mí me pasa al revés o quizás nos pasa a todos que en vez de desdibujarse los contornos del recuerdo cada vez los veo mejor o es simplemente el remordimiento que ha salido a burlarse de mí y me señala la obviedad de los hechos, las salidas de emergencia para no caer.
Las lágrimas escosen mi piel, mínimo castigo que me merezco por haber traicionado la confianza del ser que más amo en este mundo.
Su mirada es cansina pero mortífera a la vez, sabe que fibra tocar para aumentar la extensión del daño, cómo empezar la operación y cómo proseguir, lo único que ruego es que termine pronto... porque la resignación ya me inunda y como manto de luz me ciega.

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