- Sos demasiado buena para ser verdad y más para mí. Me dijo entrecruzando sus largos dedos en mis ensortijados cabellos negros.
- Claro que no, es exactamente lo contrario: Tú eres demasiado. Eres real? Mira que mis sueños suelen ser muy vívidos. Le pregunté mirándole fijo a los ojos, esos ojos que me llevaban al desvarío.
-Tontita, lo soy. Pruebas?
Y me besó como nunca antes lo había hecho, sentí una a una sus murallas de autoprotección caer, desvanecerse, de verdad se estaba entregando a mí, al amor, a la montaña rusa del sentimiento.
Esta vez me besaba sin miedos, sin inhibición, jugueteando con mi lengua, dando tiernos mordiscos a mis labios, tomando el control, abasallante, con iniciativa, el tipo de estrategia que me deja indefensa.
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