Los dejé descansar, los cerré y al abrirlos tropecé con los tuyos: brillantes, sonrientes, seguros de su objetivo, de su misión.
Tu aliento dulce, tu aroma embriagante, invitándome a la exploración.
Tu boca rosa, tus labios finos, que buscan y demandan pero a la vez se rinden y suplican.
Tus manos ágiles, mágicas, que tienen esa habilidad demente y encantadora de sin preguntar proseguir o virar, adaptarse, intensificar.
Tus brazos fuertes y seguros que sujetan y me atraen a ti de manera firme pero exquisita.
Y tu ingenio que me conoce tanto que realiza malabares para que yo crea que todo es y fue idea mía y ante la sombra de lo prohibido yo cargue con la culpa.
Si estar contigo es estar condenada al infierno me perdone el cielo pero es en el infierno donde quiero morir y vivir.
Este escrito me mató y ni siquiera sé quien lo inspiró... lo leo y leo
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