Amo los días como hoy en los que no siento nada, no pienso nada, solo fluyo, solo hago lo que tengo que hacer aunque ataquen las ganas de no hacer nada. Amo las tardes lluviosas que me dan permiso de dormir como un bebé, en las que puedo comerme el mundo y no siento culpa. Amo estos días en los que no me juzgo, no juzgo a los demás y me siento tibia y no extremista como soy siempre, hoy no tengo frío ni calor, mi termostato está más roto que nunca. No me peleo con mi mamá, no levanto la voz, no lucho contra ningún demonio mío porque al parecer todos están de vacaciones, días como hoy son perfectos para remover amores del pasado y desempolvar amistades previas a los falsos amoríos, días en los que es tan normal sentirse viva porque nada duele.
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